viernes, 13 de abril de 2012

EL CRIMEN DEL PRAT 4/4

EL INDULTO

Mientras el Prat de Llobregat recobraba la normalidad después de los tristes sucesos acontecidos, el condenado, Juan Rivera Campaña, veía pasar las horas, entre el horror y la esperanza, a la espera de un indulto que nunca llegaba. Preso en la cárcel de Sant Feliu, un edificio medieval donde los reclusos se hacinaban en condiciones inhumanas, su vida se debatía a la espera de una notificación oficial: la de ajusticiamiento por garrote, o la de indulto de la pena capital. Por suerte para él, la opinión pública estaba cada vez más en contra de este tipo de ceremonias “aleccionadoras”.

En enero de 1916, el ministro de Gracia y Justicia, señor Antonio Barroso Castillo, presentó ante el Consejo de Ministros varios expedientes de indulto de la pena de muerte, con motivo de la próxima onomástica del rey, para su aprobación. Entre estos expedientes figuraban los concernientes a los reos: Benjamín Gómez Rodero, de la Audiencia de Orense; Félix López Galiano, Vicente López Narro y Paulino Romero Sanz, de la de Guadalajara; Manuel Martínez García, de la de Almería y Ramón Esteban, Manuel Torrembó y Juan Rivera Campaña, de la de Barcelona.

El domingo 23 de enero de 1916, el rey Alfonso XIII de Borbón, conocido como el Africano, firmó los indultos aprobados en el último Consejo de Ministros, entre los que estaba el de Juan Rivera Campaña. Tras casi dos años de cautiverio, el reo podía por fin respirar tranquilo, sin tener que soportar la tensión que suponía que cualquier mañana podían trasladarlo al patíbulo para estrangularlo hasta morir. ¡Y el pánico a sufrir una muerte dolorosa!

El indulto real suponía la conmutación de la pena de muerte, por la de cadena perpetua. Juan Rivera Campaña, de unos treinta y siete años de edad, volvía a tener toda la vida por delante, toda una vida de desesperanza y arrepentimiento, ¿una vida?..

Jaume Codina i Vilà, el insigne historiador del Bajo Llobregat, escribía: “Esta tierra es la nuestra y aquella gente nuestra gente. Muchas veces he comparado –salvando las debidas proporciones- la penetración y pequeña conquista de nuestra Delta, con la del oeste americano: una tierra prometedora, nueva, llena de peligros, con diversidad de colonizadores, rivalidad de agricultores y ganaderos, un pueblo joven… Y la violencia, fatalmente como consecuencia inexorable. Una violencia a flor de piel, instantánea, brutal” (7).

La violencia se pagaba con violencia, y en esta trágica historia no existe un ganador, sólo perdedores.

NOTAS:

(7). Delta del Llobregat. La gent del fang. El Prat:965-1965. Jaume Codina i Vilà. Editorial Montblanc. Pág. 25.

Referencias:

Mundo Gráfico. 6 de mayo de 1914. Pág. 25.

La Vanguardia. Viernes 1 de mayo de 1914. Págs. 4-5

La Vanguardia. Jueves, 25 de febrero de 1915. Págs. 7-8

La Vanguardia. Viernes, 26 de febrero de 1915. Págs. 6-7

La Vanguardia. Domingo, 23 de enero de 1916. Pág. 11.

La Vanguardia. Lunes, 24 de enero de 1916. P.ag. 6.

ABC. Lunes, 24 de enero de 1916. Edición 1ª. Pág. 12.

La Vanguardia. Jueves, 14 de mayo de 1914. Pág. 5.

Delta del Llobregat. La gent del fang. El Prat: 965-1965. Jaume Codina i Vilà. Editorial Montblanc 1966.

jueves, 12 de abril de 2012

EL CRIMEN DEL PRAT 3/4

EL JUICIO

La causa por el denominado “Crimen del Prat” se celebró los días 24 y 25 de febrero de 1915 en la sección primera de la Audiencia Provincial de Barcelona, sita en el Palacio de Justícia. El interés que despertó era tan grande que la cola de curiosos llegaba hasta la calle, impidiendo que muchos presentes pudiesen asistir al acto. Entre los asistentes, destacaba un numeroso grupo de abogados, vestidos con toga, y algunas mujeres, ubicadas en la tribuna. La vista estaba presidida por el señor Enrique Saavedra, siendo el fiscal y el abogado, los señores Julio Insausti y Valentín González Bárcena, respectivamente; ambos reconocidos oradores. Julio Insausti acusó a Juan Rivera de un delito de homicidio consumado y tres frustrados, con las agravantes de nocturnidad y haberse cometido en el domicilio de las víctimas; con el fin de robar los 500 o 600 duros que la familia Vallhonrat guardaba en su casa, procedentes de la venta de la cosecha. Con el botín, el acusado pretendía comprar un establecimiento que una tía suya, Teresa, poseía en el Prat, y pagar unas deudas contraídas en el negocio de las alubias, al que se dedicaba. El abogado, Valentín González Bárcena, negó la participación de su defendido en los hechos y añadió que, en caso de que el jurado no lo considerara así, el acusado habría actuado a impulso de un acceso de locura transitoria o sonambulismo.

Juan Rivera Campaña declaró durante aproximadamente una hora, negando haber estado en el Prat la noche de autos. Confesó haber mantenido negociaciones por la compra de un establecimiento en el Prat, que habían fracasado y mantener deudas, aún no vencidas, con industriales dedicados al negocio de las alubias. A la pregunta de si reconocía las armas del crimen expuestas sobre la mesa (un martillo, una azada y un hacha), afirmó no haber utilizado jamás dichas herramientas.

El abogado defensor citó a declarar, en primer lugar, a los peritos médicos, doctores Bravo y Tejero, que afirmaron que el procesado no era un loco, pero pudo haber cometido los hechos en un ataque de locura momentánea, o sonambulismo. Diagnosticaron que Juan Rivera es epiléptico larvado (5), su madre es histérico epiléptica y presenta otros antecedentes de locura o enfermedades nerviosas en la familia. Sin embargo, a las preguntas del fiscal, no pudieron precisar si el acusado fue el autor del crimen, o si sufrió un ataque de locura transitoria, que impediría juzgar la responsabilidad de los actos cometidos.

El fiscal llamó a declarar a los testigos: Domingo Vallhonrat Comas, Antonia Vallhonrat, Domingo Vallhonrat Vallhonrat, Carmen Comas Ràfols y Teresa Vallhonrat, que ratificaron los hechos y las acusaciones contra Juan Rivera. El masovero explicó que el acusado también se había presentado en su casa unos días antes de los hechos, preguntando por su madre. La abuela afirmó que había podido ver al procesado mientras encendía cerillas, que éste apagaba; aunque después de un largo incidente, confesó no haberlo visto después de irse a dormir.

Juana Mas, esposa de Juan Rivera, solicitó declarar, explicando que su marido había llegado a casa sobre las siete de la tarde, estuvo arreglando una jaula para cazar gatos, y se fue a dormir entre las ocho y las nueve de la noche. El fiscal le preguntó por qué había visitado al sereno para preguntarle si había visto a su marido la noche de autos, a lo que ella contestó que lo había hecho porque se le imputaba en el “crimen del Prat”.

Finalmente, declaró Manuel Garriga que afirmó haber visto al acusado bajar del tren, en la estación del Prat, a las ocho y media de la noche, aproximadamente.

A las siete de la tarde, se suspendió la vista, para que defensor y fiscal pudieran modificar sus conclusiones provisionales. La reanudación tuvo lugar a las diez de la mañana, en la misma sala y con los mismos problemas de aforo acontecidos el día anterior. El secretario, Enrique Gil, leyó las modificaciones presentadas: el defensor había retirado el supuesto acceso de sonambulismo, niega que su defendido sea el autor del crimen y se reitera en que, si el jurado no lo reconoce así, éste actuó en un ataque de locura momentánea. El fiscal acusa a Juan Rivera Campaña de asesinato consumado y tres asesinatos frustrados, con los agravantes de: abuso de confianza, haberse realizado en la morada de las víctimas, nocturnidad y PREMEDITACIÓN. La alevosía ha convertido el delito de homicidio, en asesinato, con el cambio que ello conlleva en la pena imputada.

Mientras que el fiscal resume los violentos acontecimientos sufridos por la familia Vallhonrat y niega el supuesto estado de “locura transitoria” de Juan Rivera; el defensor se embarca en una ardua tarea, intentando convencer al jurado de que los testigos presentados sufrieron una alucinación, o fenómeno de sugestión, que los relaciona con su defendido; que el detenido no tuvo tiempo de llegar a casa y lavar y secar la ropa antes de acudir al trabajo, o de que, en caso de Juan Rivera fuese el autor de los hechos, éste habría obrado en estado de locura momentánea.

Tras las exposiciones de Julio Insausti y Valentín González Bárcena se produjo un incidente en la sala, cuando el acusado respondió a la pregunta de si tenía algo que añadir: “Sé que se me va a imponer la pena de muerte…” (6). El presidente recriminó al acusado, ateniéndose a los preceptos que impiden hablar de las penas, en presencia de los miembros del jurado, y después, tras un resumen imparcial de los hechos, instó al tribunal a que respondiesen a las preguntas formuladas del veredicto.

- "Con arreglo a vuestra conciencia -solicitó el señor Saavedra- debéis fallar vosotros, sin pasión alguna, inspirados sólo en el deseo de hacer justicia. Si en conciencia creéis que el acusado es culpable, condenadle; si en conciencia creéis que es inocente, absolvedle" (6)

Tras cincuenta minutos de deliberación, el tribunal anunció su total acuerdo con las conclusiones del ministerio fiscal por lo que el señor Insausti solicitó la PENA DE MUERTE para el acusado. Juan Rivera Campaña escuchó la petición impasible, sin mostrar el menor síntoma de emoción. A las siete y veinte minutos, el Tribunal de Derecho se retiró a dictar sentencia, regresando a las nueve y cinco. El señor Saavedra leyó la sentencia que condenaba al acusado a la muerte en garrote, por el asesinato de Pedro Escoda, a tres penas de catorce años, ocho meses y un día, por los delitos de asesinato frustrado; a indemnizar con tres mil pesetas a los herederos del mozo asesinado, con mil a Domingo Vallhonrat, con trescientas a su esposa y con veinticinco al hijo del matrimonio; además de pagar las costas procesales correspondientes. Juan Rivera, que se negó a firmar la sentencia, continuaba sin mostrar el menor signo de emoción.

A las nueve y cuarto se dio por terminada la vista, y posteriormente, cuando ya no quedaban curiosos en los alrededores, se procedió al traslado del condenado a la cárcel, de donde ya nunca saldría.

NOTAS:

(5). Diferentes estudios médicos señalan que existen dos tipos de epilepsia: la real y la larvado. En la real, el sujeto sufre ataques convulsivos, expulsa espuma por la boca y puede llegar a morderse la lengua. En la epilepsia larvada no se producen ataques, pero sí otros síntomas como agresividad, falta de conciencia o amnesia.

(6). La Vanguardia, viernes 26 de febrero de 1915. Pág. 7


miércoles, 11 de abril de 2012

EL CRIMEN DEL PRAT 2/4

LA DETENCIÓN
El encargado de los Mozos de Escuadra, señor Iglesias, se personó la mañana del miércoles en el domicilio del acusado, en Barcelona, siendo recibido por la esposa de Juan Rivera. Juana Mas aseguró a las fuerzas de orden público que su marido había pasado la noche en casa y que había marchado al trabajo a la hora de costumbre. Los Mozos de Escuadra detuvieron al sospechoso en la fábrica de maderas que el señor José Tayá poseía en Hostafrancs (Barcelona), ante la incredulidad de sus compañeros, que aseguraban que había llegado a las seis de la mañana, y no había mostrado ningún síntoma de anormalidad.
Juan Rivera, a pesar de sus negativas, fue trasladado al Prat de Llobregat, donde tras ser reconocido por las víctimas, tuvo que ser protegido por las fuerzas de seguridad de un intento de linchamiento por parte de los vecinos. Desde allí, fue custodiado hasta el juzgado de instrucción de Sant Feliu de Llobregat, donde prestó declaración, y posteriormente ingresó en la prisión del municipio.

Fotografia publicada en la revista "Mundo Gráfico", de fecha 6-5-1914, en la que aparece el juez tomando declaración a los testigos. Probablemente, las personas sentadas en el bando sean: Carmen Comas Ràfols, Teresa Vallhonrat Vallhonrat y Consuelo Vallhonrat

LOS HERIDOS
Como consecuencia de la agresión, Domingo Vallhonrat Comas tuvo que ser atendido por el doctor Barraquer que le practicó la extracción del ojo izquierdo; su esposa, Antonia Vallhonrat, sufrió numerosas contusiones en la cabeza y fractura de los dos brazos, y su hijo, Domingo, diversas heridas en rostro y cráneo. Mientras tanto, Pedro Escoda y Sabaté, natural de Pratdip, en Tarragona, fue ingresado en el Hospital Clínico de Barcelona en estado crítico. El día 7 de mayo, ocho días después de que se produjeran los hechos, falleció como consecuencia de las terribles heridas sufridas.
Todos los establecimientos y casas del Prat de Llobregat cerraron ese día en expresión de duelo. El alcalde, el juez y el rector, acompañados de los vecinos e instituciones del municipio, emprendieron una concurrida procesión hasta el hospital para honrar y reclamar el cuerpo de la víctima. Le dedicaron un solemne oficio y responso en la capilla del señor Mas, en la iglesia parroquial, seguido por un público numerosísimo, y posteriormente fue trasladado al cementerio de la población, donde se le dio sepultura, entre muestras de dolor e indignación.


martes, 10 de abril de 2012

EL CRIMEN DEL PRAT 1/4

LOS HECHOS

El martes, 28 de abril de 1914, Juan Rivera Campaña (1), de unos treinta y cinco años de edad, llegó a la estación del Prat de Llobregat, procedente de Sants, con destino a una masía cercana. Entre sus útiles, llevaba consigo una linterna sorda (2) y un martillo. La noche era lluviosa y oscura, sin luna. Saltó del tren antes de que este se detuviera, atravesó por entre los topes de un mercancías detenido, y se dirigió a la puerta de salida, donde entregó su billete al portero. Anduvo por caminos de tierra, saltando charcos y resbalando a cada paso, hasta llegar a la masía de can Farrés, donde su madre había servido unos años, cuando él era aún un niño.

Domingo Vallronrat Comas, masovero de la masía, se sorprendió cuando vio llegar a Juan Rivera; eran las nueve de la noche. Pero conocía a aquel hombre desde que era un muchacho y le ofreció su hospitalidad.

- Buenas noches, señor Vallhonrat – saludó el visitante -. Perdone que le moleste, pero estoy buscando a mi madre y me preguntaba si por casualidad no habría estado aquí. Ya sabe usted que con su enfermedad nos preocupa que esté sola.

- No, hijo mío. Lo siento – contestó Domingo-. Hace tiempo que no vemos a tu madre; pero, no te preocupes, seguramente estará bien. Si lo deseas, puedes pasar aquí la noche y mañana continúas la búsqueda.

- Gracias, señor Vallhonrat – respondió Rivera -. Supongo que estará en Sant Climent, en casa de su hermana, pero no estaré tranquilo hasta que la encuentre. Le agradezco su ofrecimiento.

- No hay nada que agradecer, Juan. ¿ Has cenado ? Nosotros ya hemos terminado, pero podemos ofrecerte un plato.

- ¡Muchas gracias, señor Vallhonrat! , pero no tengo apetito.

- Pues te traeré un vaso de leche. No es bueno acostarse con el estómago vacío –ofreció Domingo-.


Masía de can Farrés

La masía de can Farrés está situada en la zona de la Ribera, la más alejada del mar, al oeste de la estación de ferrocarril. Está formada por dos viviendas anexas, con planta baja y piso, en una de cuyas galerías destacan ocho arcos de herradura. En ella vivían el señor Domingo, su esposa, Antonia Vallhonrat; su madre, Carmen Comas Ràfols, y los tres hijos del matrimonio: Teresa, Consuelo y el joven Domingo, de trece años de edad. En la cuadra, dormía el mozo Pedro Escoda y Sabaté.

El matrimonio Vallhonrat ofreció al invitado la cama de Domingo, acomodando a su hijo entre ellos. Las labores del campo y del hogar eran duras y había que madrugar para llevarlas a cabo. La salida y la puesta del sol regían sus vidas.

Entre la una y media y las dos de la madrugada, mientras todos dormían confiados, Juan Rivera, a quien todos conocían como el gandumbas (3), se levantó, encendió la linterna que llevaba, cogió el martillo, y se encaminó al dormitorio del matrimonio. Era un hombre casado, de mediana estatura, con un fino bigote en su rostro, y una lesión en uno de sus brazos que le provocaba una importante incapacidad. La pérdida de su padre, junto a la enfermedad mental de su madre, habían marcado, desde joven, su carácter. Ahora, los problemas económicos, marcarían su destino.

Guiado por la luz que proyectaba la linterna, comenzó a descargar tremendos golpes de martillo sobre el matrimonio y su hijo que, horrorizados, aullaban de dolor. El griterío y los lamentos despertaron a la abuela, a las dos hijas, y al mozo Pedro Escoda que, asustado, encendió una luz en la cuadra, para averiguar qué estaba pasando. Juan Rivera, al verse descubierto, dejó el martillo sobre la cama, abandonó la habitación, cogió una azada del portal, salió a la calle y se dirigió a la cuadra; golpeando repetidas veces al mozo, hasta que la herramienta se rompió, quedando clavada en su cabeza.

Mientras tanto, Antonia Vallhonrat, herida de gravedad, había salido a la era y gritaba pidiendo auxilio. Rivera la persiguió, golpeándola con el mango de la azada hasta que la mujer consiguió entrar de nuevo en la casa, cerrando la puerta tras de sí.

Vista de la cuadra donde dormía el mozo Pedro Escoda y Sabaté. Fotografía publicada en la revista "Mundo Gráfico", de fecha 6-5-1914. Pág. 25

El asesino, en un último intento de controlar la situación y llevar a cabo su cometido, cogió un hacha de la cuadra, se acercó a la puerta, y fingió la voz, haciéndose pasar por un mozo de una masía cercana que venía en su auxilio. Pero el engaño no surtió efecto y la familia Vallhonrat mantuvo la puerta cerrada, a resguardo del criminal. Mientras tanto, los gritos de socorro habían despertado a los vecinos Juan Portillo y José Noguera que acudían en su ayuda, efectuando disparos de aviso. El agresor, al verse acorralado, huyó campo a través, aprovechando la oscuridad de la noche y desapareció sin dejar rastro. Minutos después, llegaron el cabo de somatenes (4), señor Codina, acompañado de un vigilante; los mozos de escuadra, el médico de la población y el juez municipal, atendiendo a los heridos e incoando las primeras diligencias.

Domingo Vallhonrat es trasladado al hospital. Fotografía publicada en la revista "Mundo Gráfico", de fecha 6-5-1914. Pág. 25





NOTAS:
(1). En los medios de comunicación no existe unanimidad acerca del nombre de este personaje. En algunas publicaciones aparece como Juan Rivera Campaña, Juan Rivera Campania, o Juan Rivera Camami. Incluso el primer apellido aparece escrito, indiscriminadamente con “b” o con “v”. Yo he utilizado el que se aportó a partir del juicio, ya que las primeras noticias del suceso eran muy confusas.

(2). Se conocía como linterna sorda a un tipo de farol portátil, provisto de asa y una sola cara de vidrio, que permitía a la persona que lo sujetaba poder ver, sin ser visto.

(3). Se conoce por “gandumbas” a una persona vaga o haragán.

(4). El somatén es una institución catalana de autoprotección, de carácter civil y, por lo tanto, no vinculada con el ejército.

lunes, 6 de febrero de 2012

Mariposas del Delta: Pararge aegeria

Pararge aegeria, conocida popularmente como Maculada, mariposa de los muros o papallona de l´agram, es una de las mariposas más comunes de la península ibérica. Es un lepidóptero de tamaño mediano, miembro de la familia nymphalidae, de hábitos diurnos –ropalócero-, frecuente y fácil de observar y fotografiar en el delta del Llobregat.
Morfología:
Es una mariposa de tamaño medio, entre 35 y 45 mm de envergadura, con dimorfismo sexual poco definido: la hembra es más grande y de coloración más clara, y el macho presenta una androconia a lo largo de las venas V2, V3 y V4. El anverso de las alas es de color leonado, con un reticulado de color marrón oscuro; pequeño ocelo apical en las anteriores, y tres o cuatro ocelos, de pupila blanca, dentro de una banda submarginal amarilla, en las alas posteriores. El reverso de las alas anteriores es similar al anverso, pero con menor contraste, mientras que las alas posteriores presentan una función mimética, con líneas de colores claros y oscuros, poco definidas, que imitan a las hojas secas.

Hembra de Pararge aegeria

Distribución:
La mariposa de los muros es una especie ampliamente distribuida: desde el norte de África, Europa occidental y Rusia, hasta Asia. Presente en toda la península Ibérica y Baleares, frecuenta todo tipo de espacios abiertos, desde el nivel del mar hasta los 2.000 metros de altitud. Vuela desde febrero hasta noviembre en dos o más generaciones –polivoltina-, aunque los adultos –imagos- hivernantes aprovechan los días soleados del invierno para alimentarse y solearse.
Alimentación:
Los imagos se alimentan del néctar de diferentes especies de flores, mostrando predilección por las zarzas. Las orugas, fundamentalmente, de gramíneas como agropyron, dactylis, poa, cyonodon, piptatherum o elymus repens.

Macho de Pararge aegeria

Costumbres:
Es una mariposa de vuelo errático, que se desplaza de un matorral a otro, en busca de alimento o pareja. El macho muestra un marcado comportamiento territorial, persiguiendo y atacando a otras mariposas –o insectos- que atraviesen su espacio. Cuando divisa a una hembra, la investiga para averiguar si es propicia a la cópula y, en caso afirmativo, ésta se produce sin dilación, sin ningún tipo de cortejo nupcial.
La mariposa de los muros hiberna como imago, crisálida u oruga, dependiendo del estado de desarrollo en el que se encuentre.
Reproducción:
La hembra deposita los huevos, de uno en uno, sobre las hierbas; entre los meses de abril y mayo, en una primera generación, y durante el verano, en generaciones posteriores. Las orugas, que nace a los diez o quince días, son de color verde amarillento, con una línea longitudinal verde oscura, perfilada en blanco; y líneas claras y oscuras a lo largo de los costados. La cabeza es globulosa, de color verde azulado, y el cuerpo, provisto de pilosidad corta, se estrecha al final del abdomen, acabando en dos pequeños apéndices caudales de color blanquecino o rosado. Cuando son molestadas, se dejan caer al suelo, y no abandonan la planta nutrícia, alimentándose tanto de día como de noche. La primera generación completa su crecimiento en un mes, mientras que las generaciones posteriores pueden crisalidar en otoño o hibernar hasta la primavera siguiente, para proseguir con su crecimiento.



Hembra de Pararge aegeria


Comportamiento:
Es frecuente observar adultos descansando o “soleándose” sobre zarzas, setos o flores, incluso durante los días más benignos del invierno. Los individuos adultos muestran un comportamiento denominado hilltopping, que consiste en situarse en lugares elevados, para vigilar su territorio, persiguiendo y expulsando a cualquier individuo que lo sobrevuele. Es una especie fácil de fotografiar, ya que no se muestra excesivamente desconfiada con los humanos y su costumbre de reposar con las alas abiertas, siempre es una ventaja a la hora de capturarla con nuestra cámara fotográfica.
Curiosidades:
Esta especie muestra un curioso comportamiento alimentario, ya que no acostumbra a libar el néctar de las flores, sino que siente predilección por algunos frutos, o por las sales minerales que se encuentran en el suelo o en los excrementos.



Referencias:
- Mariposas en libertad. Juan Ramón Córdoba León, José Manuel Sesma Moranas y Gabino Martín Toral. Edita: Publimarca Ediciones, S.L. Año 2006.
- Mariposas. Ivo Novák. Ilustraciones Frantisek Severa. Editorial Susaeta.
- www.asturnatura.com. Parage aegeria.
- www.granadanatural.com. Pararge aegeria.
- www.turismenatural.obsam.cat. Pararge aegeria.
- www.wikipedia.org. Pararge aegeria.



domingo, 5 de febrero de 2012

20 CONCURSO FOTOGRÁFICO DELTA DEL LLOBREGAT

El pasado 17 de diciembre de 2011 tuvo lugar en el espacio cultural Cèntric, del Prat de Llobregat, el veredicto del veinteavo concurso de fotografía “Delta del Llobregat” que organiza la Agrupación Fotográfica Prat, en colaboración con el Departamento de Urbanismo, Territorio y Medio Ambiente del Ayuntamiento del Prat de Llobregat y el servicio de información y promoción del delta del Llobregat “La Porta del Delta”.
El jurado, compuesto por Marcel Gil Velasco (ornitólogo), Núria Gabernet Díaz (bióloga) y Mercè Mayol Faura (Associació Fotogràfica la Garriga), valoraron las 170 obras admitidas, pertenecientes a 44 autores, acordando los siguientes premios:
CATEGORÍA PAISAJISMO:
1) Núria Escobedo Domingo, por “El carro del abuelo”.
2) Lluís Mora Parramón, por “Pasillo”.
3) Carlos Lucas Martínez, por “Pescador”.
CATEGORÍA CAZA FOTOGRÁFICA:
1) Francesc Balaguer, por “Lucha”.
2) Ramón Lasheras García, por “Flamencos”.
3) David Valverde Losada, por “Avetorillo”.
CATEGORÍA MACROFOTOGRAFÍA:
1) José Manuel Sesma, por “A vista de espiadimonis”.
2) Andreu Noguero Cazorla, por “Sin título”.
3) Juan Francisco Díaz Hernández, por “Posando a la luz”.
Por parte del Área de Urbanismo, Territorio y Medio Ambiente del Ayuntamiento del Prat de Llobregat, se otorga una mención especial, con motivo del veinteavo aniversario, a Víctor Cañadas Campoy, por “Avetorillo a punto de aterrizar”.
ACCÉSITS:
1) Fernando Vecino Durán, por “Niebla”.
2) Raúl Murcia Benítez, por “Una mirada de cerca”.
3) Fernado Vecino Durán, por “Pájaros II”.
4) Carlos Lucas Martínez, por “Cópula”.

La entrega de premios tuvo lugar el pasado día 3 de febrero de 2012 en la biblioteca Antonio Martín, ubicada en el espacio cultural Cèntric, coincidiendo con la inauguración de la exposición fotográfica en la que se muestran las obras premiadas y finalistas del concurso. La exposición estará abierta al público hasta el día 28 de febrero y las fotografías ganadoras podrán ser visualizadas en la web de “La Porta del Delta”, “El Prat TV” y otras webs municipales.

La fotografía “Flamencos”, premiada en la categoría de caza fotográfica, fue realizada el pasado 10 de abril, en los espacios naturales del río. Es una instantánea sencilla, carente de la calidad que muestran la mayoría de las obras presentadas, aunque, contaba a su favor, con el hecho de mostrar una escena poco habitual en el delta del Llobregat, por el elevado número de ejemplares que componían la bandada: cincuenta y nueve flamencos. Personalmente, era la que menos me gustaba de las presentadas, pero era consciente de que era la única con posibilidades de ser premiada.

Otras fotografías presentadas:

"Niebla"



"Fochas"

"Somormujo lavanco"


viernes, 16 de diciembre de 2011

LA RAZA CATALANA DEL PRAT (1/3)

Entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, un grupo de entusiastas avicultores recorrieron, una y otra vez, a bordo de una tartana, los tortuosos caminos de tierra del delta del Llobregat; en busca de una nueva raza de gallinas, diferentes a las que se podían encontrar en otros medios rurales. Entre ellos estaban: Salvador Castelló y Carreras, creador de la Escuela de Avicultura de Arenys de Mar; Francisco Darder, director del Parque Zoológico de Barcelona, el marqués de Monistrol y de Aguilar, entonces, Director General de Agricultura; Luís Martí Codolar, Pedro Claparols y el joven pratense José Colominas Vergés, que años más tarde daría a conocer la “raza Catalana Prat” a nivel internacional.

Las pollos y capones del Prat que, desde siglos atrás, eran conocidos por su excelente valor gastronómico, habían sido objeto de una selección intuitiva por parte de los payeses, para atender a las preferencias de sus principales consumidores: “los señores de Barcelona”; favoreciendo el aumento de tamaño, la coloración leonada, o la ausencia de plumas en las patas.

En su búsqueda, de masía en masía, los avicultores adquirieron numerosos ejemplares de esta valiosa ave que fueron distribuidos entre granjas especializadas y organismos oficiales, como la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid, en la Moncloa. Ellos fueron, en definitiva, los que llevaron a cabo, tras arduos esfuerzos, la primera selección y fijación de los caracteres de esta prestigiosa raza, la única en España que ostenta la Indicación Geográfica Protegida (IGP), otorgada por la Comunidad Europea.

LA RAZA CATALANA DEL PRAT

Los gallos y gallinas de la raza Catalana Prat deben presentar una serie de características comunes, de acuerdo con un patrón establecido, que incluye aspectos físicos y morfológicos en sus dos variedades existentes: leonada y blanca.

El gallo de la variedad leonada presenta un plumaje aperdizado, de color rubio oscuro, sin llegar al rojizo, con un tono más subido que la gallina, especialmente en el cuello y dorso, que son brillantes. Las plumas caudales son de color verde con reflejos metálicos. La gallina presenta una coloración rubia oscura, uniforme, con las plumas caudales negras.

Aspectos morfológicos del gallo de las variedades blanca o leonada: Cabeza grande, amplia y alargada, cresta de color rojo vivo, bien arqueada, de cinco o seis puntas; pico oscuro largo y muy curvado, ojos de color avellana, barbas grandes y orejillas de color blanco. El cuello es robusto y bien arqueado, las alas grandes, el pecho amplio y profundo y la cola larga, en forma de hoz, formando un ángulo de 40º-45º con el dorso, también inclinado. Los muslos son largos y carnosos, con rodillas bien separadas y los tarsos, de igual longitud, sin plumas, de un color característico apizarrado, que le ha dado el apodo con el que se le conoce popularmente: “pota blava” (pata azul). Los dedos, también de color pizarra, son fuertes, rectos y bien separados.

Aspectos morfológicos de la gallina de las variedades blanca o leonada: Salvando las diferencias debidas al género, ambos sexos son muy parecidos, salvo en pequeños aspectos destacables como: el pico es más corto y menos arqueado, las barbas redondeadas y la cresta caída hacia un lado, sin llegar a tapar el ojo.

POLLO Y CAPÓN DE RAZA PRAT

La Generalitat de Catalunya otorgó, en el año 1987, la Denominación de Calidad a los pollos y capones de raza Prat que cumpliesen los siguientes requisitos: los animales han de ser criados al aire libre, en tierra, en gallineros que no superen los 8 animales por metro cuadrado; la alimentación debe incluir, al menos, un 70% de cereales naturales; con una crianza mínima de 90 días los pollos y 182 los capones, y unos procesos de sacrificio y envasado controlados minuciosamente. El ámbito geográfico de producción abarca los municipios de: el Prat de Llobregat, Castelldefels, Cornellá de Llobregat, Gavá, Sant Boi de Llobregat, Sant Climent de Llobregat, Sant Feliu de Llobregat, Viladecans y Santa Coloma de Cervelló.

Además de esta distinción, los pollos y capones del Prat, se han convertido en la única carne aviar de España que ha sido galardonada con la etiqueta de Indicación Geográfica Protegida (IGP), otorgada por la Comunidad Europea, que verifica que dichos productos reúnen unas características de origen, cualidad y calidad certificadas, protegidas por las normas de la Unión Europea. Cada unidad de capón o pollo raza Prat destinada al consumo debe llevar una etiqueta numerada y el sello IGP de garantía de calidad del producto.